31 de marzo de 2018

⚔💥 Ángeles y Demonios - Preparados para el ataque: Capítulo 5 ⚔💥


Ángeles y Demonios
Preparados para el ataque
Capítulo V

♛ ♚ ♝ ♞ ♜ ♟


-Awww, el pobre caballero no puede pelear solo y su ángel tiene que defenderlo, que tierno –Exclamó con sorna mientras entrelazaba sus manos fingiendo clemencia.

Meta Knight miró con resentimiento a “el demonio” de Hikaru.- No necesitó tu ayuda ¿sabes?

El joven azabache dirigió su mirada lasciva hacía el caballero.- Señorito, le recuerdo que la vez anterior que se enfrentó a “Ariana” casi se muere de un shock hipovolémico, que no se le olvide por favor…

El peli-azul desvió su mirada, mientras que en su rostro, apareció un rubor a causa de la vergüenza. A Martín le pareció “lindo” el ver a su caballero sonrojado, aunque lo que más quería es que estuviese sonrojado por él. Mario cubrió su boca con una de sus manos para contener la risa.

 -Entonces ¿aceptará mi ayuda? –Preguntó el joven azabache, aún con esa mirada tan penetrante. Al caballero no le quedó otra opción más que aceptar la ayuda del tal “Hideaki”.

Suspiró resignado.- No me queda de otra ¿verdad?  

-No…

-Entonces, qué esperamos, comencemos esto…-Exclamó decidido, mientras observaba a sus enemigos. Intentaba descubrir algún punto débil, hasta que se dio cuenta de cómo estaban formados los miembros de la tropa.- Esto más parece un ajedrez –Pensó.

Los más débiles, o al menos los que aparentaban serlo,  venían en el frente, protegiendo a los restantes. La más fuerte, era al parecer Ariana, pues su armadura resaltaba de las demás al ser de oro puro, más reluciente que cualquier diamante precioso.

Hideaki ordenó.-Vayan a Revolution y vean cómo están ¿bien? –Los dos restantes obedecieron al joven azabache, para después, partir en dirección al reino antes mencionado.  Ambos jóvenes se abrían paso entre la extensa tropa. Pasaban con cuidado, pues pensaban que les harían algo.

Meta Knight se acercó a Hideaki y susurró.- ¿Crees que podamos con todos? –El azabache soltó una risilla antes de contestar:

-Si lo crees podrás hasta derrotarlos tu solo…

-¡Hey, cabrones! –Exclamó la joven mientras daba un latigazo al suelo, llamando la atención de todos los presentes.- ¿Empezamos o qué?

Relinchos de caballos, espadas chocando entre sí, armaduras metálicas cayendo al suelo, gritos desesperados, la sangre al caer, eran los únicos ruidos que se escuchaban en aquel campo de batalla. Hideaki podía acabar fácilmente con una fila completa usando su katana, mientras que Meta Knight apenas y lograba atacar a algunos cuantos. No sabía exactamente por qué su rendimiento en aquella batalla había decaído tanto. Pensó que simplemente era el cansancio pero… ¿desde cuándo se cansaba apenas empezaba la pelea?

El oji-perla le susurró a su compañero.-Hideaki, ya no puedo…

Hideaki, al oír el tono tan fatigoso del caballero, respondió de la forma más sosegada posible, intentando darle ánimos.-Aguanta un poco, ya casi acabamos…

-Es que no puedo…-Habló, mientras contrabajos bloqueaba uno de los múltiples ataques  que recibía.

Y así pasaron algunos minutos, choques de espadas, Hideaki intentando animar al joven caballero, defenderlo de alguno que otro ataque…El peli-azul empezaba a sentirse como un inútil, no podía ni defenderse solo. Llegó un punto en donde su vista se comenzó a nublar, y era casi incapaz de mantener el equilibrio. Cuando menos se lo esperó, se desplomó en el frío y rígido suelo, llamando la atención del azabache.

-¡Meta! –Exclamó con preocupación. Al distraerse, uno de los ataques estuvo a punto de darle en el pecho, justo en el corazón.

Cuando sólo quedó la jefa de la tropa “Ariana” y su leal compañero “Josmar”, fue que al fin Hideaki logró respirar con gran alivio. Tomó en sus manos al caballero, acomodándolo junto a uno de los árboles de aquel extenso bosque.

-Sabía que el Kōgeki serviría de algo –La joven exclamó en tono triunfal, junto con una vil sonrisa en sus labios.

“Kōgeki…” Fue la palabra que resonó por unos segundos en la mente de Hideaki. “¿Qué es exactamente eso?” se preguntaba. Poniéndose a pensar un poco, los Shando tienen una extensa variedad de ataques, la mayoría, siendo oculares ya sean del “Akuma no” o “ Chiminare no”. 

En la antigua lengua Edoteniense “Kōge” podría traducirse como “cansancio”, en cambio, “ki” sería algo parecido a “eterno”. Por lo que Kōgeki sería algo como “Cansancio eterno”. Hideaki por supuesto, no formuló aquella suposición, si no que fue Hikaru quién le explicó más o menos en lo que consistía el ataque.

-¿Entonces por eso el cansancio tan repentino de Meta? 

-Sí, parece que no te puedes dar cuenta ¡idiota! –Exclamó con enfado.

-Yo no me aburro leyendo libros absurdos –Habló en defensa propia.

-Ya quisieras que fueran absurdos –Respondió con el mismo tono de hace algunos momentos.

Ignorando la última oración de Hikaru, volteó hacía la joven y exclamó.- ¡Entonces fue por tu culpa! 

La joven soltó una risilla para después contestar.-Tardaste mucho en enterarte ¿no? 

El azabache se acercó a la joven de cabellos rizados. Con aquella voz penetrante y lasciva tan característica de él, habló.-Je…supongo que si…-Dirigió su katana al cuello de Ariana, para después amenazar a su compañero diciendo.- Te vas a la chingada, o tu amiga se muere…

Josmar, sin saber qué hacer, simplemente se limitó a obedecer al joven demonio. Se alejó lo más rápido posible, montado en su caballo. Cada vez se oía con menos intensidad los galopes. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, Hideaki miró nuevamente a la joven.- Bueno…de todas formas te ibas a morir –Sonrió macabramente, para después decapitarla. Su cabeza cayó al suelo, segundos después, su cuerpo hizo lo mismo. En su rostro se podía observar una expresión de miedo y odio combinados.

La sangre chorreaba, tiñendo el blanco piso de un color carmín. El rostro del joven azabache, junto con su  ropa, estaban pintados del mismo color que el piso. Con uno de sus dedos, retiró un poco de la sangre que permanecía en su rostro. Lamió el dedo, percibiendo el sabor metálico de aquel fluido vital.

Miró al caballero, quien aún seguía descansando. Su respiración era lenta y tranquila, tal y como la de un niño pequeño, se acercó a este, para después dirigirse a su cuello y lamerlo un poco. Meta Knight aun estando dormido, sintió aquella sensación, por lo que dio un respingo.

El azabache soltó una risilla ante la respuesta del caballero. Mordió su cuello con delicadeza, saboreando las frescas gotas de sangre carmesí que salían de este. El peli-azul gimió de dolor, aun sin despertarse.

Cuando Hideaki dejó de morder el cuello de su compañero, susurró para sí.- Como lo supuse…la sangre de esa tal “Ariana” estaba repleta de odio y resentimiento. La de Meta, aunque también tiene un poco de odio…lo que predomina es el miedo…el miedo a sentirse débil…

-Y de envidia –Completó el castaño.

-Y envidia…-Suspiró.

Los demonios tienen la habilidad de saber qué emociones tienen sus contrarios con sólo probar su sangre. En donde los resultados se tienen con más veracidad, es en la parte del cuello, por lo que muchas veces pueden ser confundidos con algún “vampiro” si su pelea había sido en la oscuridad de cualquier sitio.

Martín & Mario

Caminaban abatatados y a la vez preocupados por los revolucionarios. Pensaban en qué les había pasado, su estado actual... ¿era cierta la noticia de que el reino revolucionario caería? Miles de preocupaciones e ideas rondaban las mentes de ambos. Martín estaba preocupado no sólo por los revolucionarios, sino también por su caballero. -¿Estás bien...? –Se preguntaba internamente, como si el joven peli-azul en verdad lo escuchase, a pesar de la distancia entre ambos.

Mario deseaba llegar lo antes posible a Revolution. Cuando al fin divisaron entre la espesa y traicionera niebla de aquel momento el enorme castillo de la joven azabache, apresuraron el paso lo más que pudieron. Llegaron casi jadeantes, esperándoles lo peor. Al llegar, observaron cuerpos mutilados, sangre carmesí que aún chorreaba de algunas armaduras, los gemidos de dolor de los caballeros, resonaban sutilmente, quedándose en el eco eterno. 

El joven de cabellos nevados, sin pensárselo dos veces, gritó con todas sus fuerzas, sonando más como una chica.- ¡Reina Karen! ¿Está bien? –A los pocos segundos, la voz de la joven azabache, respondió al grito del ángel.

-Sí querida, gracias por preocuparte por mí…bueno, por nosotros…-Martín miró confuso al castillo, exactamente en la zona de dónde provino la voz sesga de la azabache. La mayoría de sus amigos, compañeros e incluso personas, sabían que el oji-zafiro podía tener una voz algo “femenina”. 

-Me dijo… ¿”querida”? –Preguntó mientras dirigía su mirada al castaño. Su voz tenía un tono harto, pero no muy perceptible, sin embargo, el único que podía distinguir un tono de voz de otro tan fácilmente, era sin duda alguna, el joven Hikaru.

-Es que sonaste más como una chica –Respondió con sorna. Hasta él se sorprendió que al joven ángel le hubieran llamado “querida” sólo por su voz. Aunque por dentro estaba muriéndose de la risa ante aquella escena, por fuera, intentaba contener una postura correcta y seria.

-Rayos…-Murmuró haciendo un puchero. Lo que más odiaba en esta vida, es que lo confundiesen con una chica sólo por su voz. Varias veces lo habían confundido, en algún momento se acostumbró a ello, sin embargo, ahora que es  un poco más “adulto”, ya no lo soporta tanto como antes.

De pronto, un joven morocho, abrió la puerta principal del castillo, invitando a los dos jóvenes a entrar.- Bienvenidos, queridos invitados –Dijo cordialmente mientras hacía una pequeña reverencia.-Ustedes deben de ser de Mushroom ¿cierto? –Ambos jóvenes asintieron con la cabeza al mismo tiempo.-Entonces… pasen…

Ya estando adentro, los dos jóvenes miraban atentos sus alrededores, era casi tan asombroso como el castillo de la joven de cabellos dorados, sólo que más grande. Tenía candelabros de oro, paredes que daban la impresión de haber sido hechas con las piedras más finas de todo el reino. Martín, como de costumbre, se emocionó tanto que comenzó a dar saltitos mientras observaba detenidamente cada rincón del castillo…o al menos de la sala.



Una joven azabache, los recibió a ambos con una cálida y sincera sonrisa.- Bienvenidos…-Esta vez, la sonrisa fue real, a comparación de las falsas y fingidas sonrisas de su reina, Peach. Calha, el sirviente de la joven Karen, se retiró de aquel lugar, dándoles “privacidad” para hablar.

Karen comenzó la charla.-Ustedes fueron los de la carta ¿cierto? –Ambos jóvenes asintieron.-Claro…no me lo creería de Peach…-Murmuró lo más bajo que pudo. Una leve sonrisa sosegada se formó en los labios de la azabache.

El joven de cabellos nevados preguntó curioso.- ¿Mushroom y Revolution tuvieron múltiples disputas?...-Karen apretó con rencor la carta que tenía en manos. Claro que ambos reinos habían tenido varias o quizás demasiadas luchas entre sí e incluso, en algunos casos, por no tener el mismo punto de vista.

Karen aún no podía olvidar el día que conoció a Peach, que en algún momento fueron amigas, pero gracias a la actitud hipócrita de la joven de cabellos dorados, su amistad se rompió. Aún recuerda aquel día que vio a sus padres por última vez, cómo fue que conoció y  se enamoró de la joven Yamamoto cómo fue…que su vida se fue a la mierda a causa de la persona que alguna vez creyó “amiga”.

-Hemos tenido más que disputas…-Susurró con un tono frio cuan invierno.-Y ella las ha comenzado todas y cada una de ellas… 

Ambos jóvenes se miraron mutuamente intentando buscar alguna respuesta. Nadie sabía a ciencia cierta por qué las dos princesas se odiaban tanto, pues nunca se miraban a los ojos ni mucho menos se dirigían la palabra. Muchos pensaban que era por la rivalidad entre los reinos, otros porque simplemente eran muy “fresas” o simple y sencillamente…se caían mal y ya. Pero en verdad, no se sabía él por qué de su rivalidad. 

Peach & Karla

-¿Deseas una taza de té? –Preguntaba en un tono sesgo a su contraria, ofreciéndole un poco del té que tenía encima de la mesita color beige.

-Si no es mucha molestia –Contestó una voz femenina con el mismo tono. La joven de cabellos dorados sonrió levemente, para después, servirle un poco de té en una tacita. Ya se hacía tarde, y los cuatro jóvenes aún no aparecían. El sonar del té cayendo en la taza, se asemejaba al sonido de una cascada, lo cual tranquilizó a la joven Shando de todas sus preocupaciones.

Ambas jóvenes habían decido entablar una conversación para distraerse un rato u olvidarse de sus preocupaciones. “Puede que te empiece a caer bien y se gane tu confianza, pero sólo recuerda una cosa…todos y cada uno de nosotros, somos simplemente una mísera pieza de su juego” Recordaba las palabras de su amigo de cabellos azulados. “¿Qué clase de pieza seré yo?” se preguntaba a modo de burla.

Peach veía atenta las acciones de Karla. Como la joven castaña estaba demasiado distraída, al querer llamar su atención, sirvió el té hasta sobrepasar el límite de la taza, dejándolo caer encima de la mano de la joven. Esta reaccionó al instante, tomando su mano con dolencia, mientras veía la quemadura no muy grave.

La joven de cabellos dorados fingió preocupación. Dejó la tetera en la mesita, para después acercarse a Karla y preguntar.- ¿E-Estás bien? Lo siento mucho…

Esta última mencionada miró con ira a la joven princesa. Exclamó fuertemente al mismo tiempo que lanzaba un manotazo en contra de ella.- ¡Quítate estúpida! ¿Crees que no me di cuenta? ¡Eso fue a propósito!

-¡Mentira! ¡No fue mi intención! –Exclamó en defensa propia. Lo que la joven de cabellos dorados quería en ese momento, era que su “torre” le pegase, para así, quedar ella como la víctima y obligar a la oji-azul a ser una pieza más.

Antes de que la joven Shando cometiera aquella acción, el sonido de que la puerta principal del castillo se había abierto. De esta, entró Hideaki con el caballero en sus manos. Karla se olvidó de la disputa con la princesa e incluso de su quemada al ver aquella escena.- ¡Hideaki! ¿Qué pasó? –Preguntó exaltada.

-Pasa, que este wey no duró ni media pelea –Dijo con sorna. Sabía exactamente qué le había pasado, pero como siempre, encuentra una mínima falla de alguien y comienza a molestarle hasta que se canse. A la joven Shando le extrañó aquella explicación “Meta normalmente es el que aguanta más en una pelea… ¿entonces?” Pensó para sus adentros.

-¡¿Meta está bien?! –Preguntó la joven de cabellos dorados, ésta vez, verdaderamente preocupada. Karla, sin ningún rastro de clemencia, respondió con ímpetu a la pregunta hecha por la princesa.

-¡Y a ti que te importa lo que le haya pasado a él! ¡Pedazo de…!-Antes de siquiera terminar la oración, el azabache la interrumpió con el mismo tono.

-Karla…cálmate –La joven antes mencionada miró con tristeza al demonio de su amigo, algo parecido a “pedir permiso” de responderle como se merecía a la princesa. Él sólo se limitó a negarle el permiso, moviendo la cabeza de lado a lado levemente indicando un “no”.

Mientras con los dos jóvenes restantes….Venían de camino al reino, iban por parte del desierto de Sarasaland, por lo cual, ya estaban demasiado cansados. Y ahora venía lo peor, como parte del clima en el desierto, por el día, el calor se hace insoportable para cualquier humano, en cambio, en la noche, el frío es tan intenso, que alguien podría morir a causa del clima tan extremoso.

Iniciaba a hacer frío, no muy intenso por supuesto, pero al pasar de los minutos, comenzó a ser casi insoportable para uno de los jóvenes. Martín iba tranquilo, pues en su lugar de origen, el frío no era algo extraño. Por otra parte, Mario titiritaba de frío. Mushroom era de clima húmedo, sin embargo, no llegaba a un frío extremoso o algo parecido.

El joven de cabellos nevados miró a su compañero.- ¿Tienes frío? –Preguntó infantilmente. El castaño lo miró confundido “Como si no supiera que me estoy muriendo de frío” Pensó.

-No…cómo crees, sólo estoy saltando como pinche mantequilla en un sartén –Exclamó con un tono sarcástico. El de cabellos nevados solamente se limitó a ignorarlo todo el camino que restaba. Al llegar a la zona húmeda de Mushroom, Mario suspiró aliviado, ya no sufriría por frío intenso y el esperar de su muerte.

“Hogar…dulce hogar” Pensaba con felicidad el joven de cabellos nevados.

Dentro del castillo, en una de las habitaciones, se encontraba Hikaru curando a Karla de su quemadura. La castaña le explicaba con ira cómo es que fue el problema con Peach. Sin alguna vez dudó en que ella era mala o como Meta Knight se refería “hipócrita”, ahora piensa todo lo contrario.-A veces veía como maltrataba a algunos de nosotros, haciéndolos menos o incluso ignorándolos pero…pensaba que era un juego y ya….

Karla intentaba aguantar el dolor punzante en su mano. Sabía perfectamente que era una exageración el sentir tanto malestar por una mísera quemada que no era tan grave, pero en serio…le dolía…y mucho.

Cuando el castaño terminó de curarle, le susurró.-Entonces… ¿piensas vengarte?...

La joven Shando contestó decidida.- ¡Pues claro que sí!, no voy a dejar que siga con esa actitud…y menos que lastime a mis amigos…

El más alto suspiró pesadamente ante la respuesta de su amiga.-Karla…estás yendo por un mal camino… ¿quieres terminar como Akairy? ¿Siendo alguien temido por todos?...-La castaña bajó la cabeza algo avergonzada. En verdad no quería convertirse en algo parecido a aquel “monstruo” que condenó a su clan a ser el más temido y odiado.

-No…

-¿Entonces?...Sé que Peach puede ser algo “soberbia” pero debes de aprender a soportarla…-Decía con un tono tranquilizante y comprensivo. La castaña se quedó en esa posición hasta que el joven Okami se fue.

-No quiero convertirme en un Shando más…no quiero convertirme en un monstruo…no quiero ser temida….no…-Murmuraba para sí. De sus ojos color zafiro, resbalaban hasta sus mejillas, lágrimas cristalinas, que libraban lentamente, su dolor y rencor interno…sabía exactamente que eso le dañaba pero…no tenía otra opción, era la única manera que ella encontró posible para desahogar su sufrimiento.

¿Alguna vez la princesa entendería, que el preocuparse por ella misma solamente la llevaría al abismo?... ¿qué es lo que pretende con hacer sufrir tanto a los demás…?...hacerlos menos y solapar su odio ante todos…con una sonrisa tan insincera…Algún día, todos se levantarán en contra de ella...Pensaba el caballero entre sus sueños.

La única forma de olvidarse de esta cruel y despiadada realidad, donde no hay finales felices ni besos llenos de dulzura y amor… ¿será acaso el soñar?.. Aquellos hermosos y relucientes cabellos dorados, danzaban con la suave brisa de la noche. Su mirada color zafiro contemplaba a la hermosa luna, quizás, envidiaba aquel brillo tan sublime. 

Su piel blanquecina, daba la impresión de ser tan suave como una almohada…y tan frágil como un cristal. No todo es perfecto en una persona, por más inocente que parezca, su alma puede estar pintada de color rencor, odio, envidia, resentimiento…

El corazón de aquella joven se teñía del color de la traicionera oscuridad, sin rastro de clemencia. Palpitaba lentamente como el “tic tac” de un reloj. Una noche tranquila…perfecta para descansar de la cruel vida que el destinó le otorgó.

-¿Vas a dormirte?...-Preguntó la voz sosegada de su esposo.

-Yo me dormiré, a la hora que yo quiera –Exclamó fríamente, ni se molestó en utilizar una de sus tan conocidas sonrisas insinceras, ni en fingir un tono sesgo. Simplemente contestó con su verdadero tono de voz.

Un día tranquilo para Mushroom, pérdidas innumerables para los Revolucionarios, otra victoria más para los Edotenienses…el miedo se acerca a Sarasaland…y próximamente a Mushroom…El ejército de esta vez está a punto de completarse, dos torres, dos alfiles, dos peones, un caballo…y una dama… ¿y el rey?...

¿Quiénes serán las piezas de la joven princesa?.... ¿Serán verdaderamente el ejército blanco en esta batalla?...o sólo es una ilusión más de la joven de cabellos dorados…

“Al entrar, las sombras florecerán, sombras de ángeles caídos, con plumas hermosas y ojos cristalinos…pero no te dejes caer por sus sonrisas, a veces…no son tan inocentes como parecen…”


-…..
-….
-Envidia
-….
-Soberbia
-Ira




Hola mis queridísimos flanes, cómo han estado.....espero que muy bien uwu~, la historia estuvo a punto de no tener estar parte ¿por qué? Pues no tenía mucha inspiración, pero leer hacer cosas magicas :^ •3• y aqui me tienen, a la loquisha de Yas xddddd, pero bueno, espero les guste esta historia tanto como a mi escribirla ^○^ , asi que....¡Hasta la próxima!

P.D: tengo en mente hacer una Minisaga llamada "Los siete pecados capitales" y bueno, qué opinan, ¿la hago? °🔽° me gustaria leer su opinión en los comentarios.

- Yadira fuera - 


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26 de marzo de 2018

⚔💥 Ángeles y Demonios - Preparados para el ataque: Capítulo 4 ⚔💥


Ángeles y Demonios
Preparados para el ataque
Capítulo IV

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Karen

Quedaban pocas horas para poner la estrategia en pie. Algo improvisada pero algo es algo, Alejandro como siempre muy conformista. Salían los guerreros montados en caballos, los esclavos capturados en guerras anteriores se mentalizaban que pronto morirían de la peor manera posible, maldecían su poca suerte de estar vivos, odiaban el hecho de vivir, ¿de qué serviría? serían siempre los estúpidos y míseros peones. 

Karen vestía una armadura metálica de color violeta, y en el pecho, el símbolo de los revolucionarios. Su espada resplandecía con los tímidos rayos de sol que se asomaban por su ventana. Sería un día lleno de sangre y pérdidas innumerables. 

La espesa niebla que cubría el reino como si fuese una manta, impedía ver con claridad la trayectoria de los Edotenienses. Alejandro veía con desconfianza a su hermana, quien conversaba un plan alterno con su consejero de nombre Calha, un joven morocho que había sido un esclavo en tiempos anteriores, pero gracias a su gran ingenio y habilidades matemáticas, pudo salvarse de vivir como un infeliz peón.

-Según anteriores registros, los Edotenienses vendrán de la frontera con Sarasaland, aprovechando el clima de hoy…-Decía sosegado, intentando no alterar más de lo que ya a su majestad, aunque por dentro estuviera gritando por ayuda.

Alejandro sentía culpabilidad por escuchar una conversación ajena, pero después de todo, también debía saberlo, no es un enemigo ni mucho menos, aunque no disfrutaba para nada escuchar algo que no era para él.

La voz solemne de su hermana inundó la habitación como un eco eterno.- Deseo terminar la guerra, así tenga que dar mi vida…

-Majestad, si usted muere el reino caerá…

La joven azabache dio un manotazo con furia en la mesa, para luego hablar con el mismo tono.- ¡¿Qué te hace pensar que Alex no podría gobernar?!

Calha retrocedió dos pasos para alejarse de la joven, sabía que en cualquier momento podría acercarse a él y matarlo. Habló con firmeza, intentando disimular su miedo ante ella.- Disculpe majestad…pero no creo que el reino se mantenga sin su pilar más fuerte…

Karen alzó aún más su tono de voz. Con un tono cruel que nunca antes había utilizado, contestó.- Alex puede gobernar igual o mejor que yo…mejor cállate si no sabes nada ¿bien?

El joven morocho asintió con la cabeza, mientras veía como su majestad se retiraba del cuarto con una lóbrega y despiadada mirada. Cayó al suelo de rodillas, quería romper en llanto, pero eso lo dejaría como un inútil.

Alejandro, sin pensárselo dos veces, entró al cuarto con preocupación, para encontrarse con Calha tirado en el suelo. En su mirada se reflejaba el dolor y miedo que tenía en aquel momento, nunca se había sentido tan mal. 

-Calha, ¿estás bien? –Preguntó dulcemente.

El joven morocho levantó la vista al oír la sesga voz de Alejandro. Aclaró su garganta un momento, para después contestar.- Si, gracias –Se levantó lentamente del piso, y al ya estar en pie, sacudió con una de sus manos su fino vestuario, una camisa color carmesí con botones de oro relucientes.

Se acomodó cuidadosamente el pañuelo que tenía alrededor del cuello para después mirar al joven castaño.- Sir Alejandro… ¿usted desea pelear?

El anterior mencionado alzó su puño con decisión y exclamó con el mismo tono.- ¡Claro que quiero!, ¡es el reino de mi hermana! ¡Es por ella sobre todo!...

En el rostro de Calha apareció una leve sonrisa, tenía fe en que podría luchar como un guerrero de la guardia real, sin detenerse ni mirar atrás, y si era así, seguramente sería sólo para darse un impulso. Tomó ambas manos del joven y susurró en tono sosegado, como siempre lo hacía.- Sir Alejandro, tengo fe en usted, podrá defender el reino tal y como un fuerte guerrero revolucionario lo haría, disculpe por lo que dije anteriormente de usted…

-No se preocupe…yo…bueno…no soy muy valiente, además, no creo que  yo pudiera gobernar un reino…-Dijo con nerviosismo. Todo era verdad, se creía incapaz de poder gobernar tan bien como su hermana lo hacía.


??????

Entre la espesa y sofocante niebla podía observarse la figura esbelta de una joven, sus cabellos rizados danzaban con el intenso viento de aquel momento. Su ojo verdoso brillaba casi con la misma intensidad que la celestial luna por las noches. Su otro ojo se encontraba cubierto por un parche de color negro.

Sostenía con una de sus manos, una pesada espada reluciente, que iba dejando un camino entre la tierra cada que la punta rozaba con el suelo. Su capa color carmesí, danzaba con elegancia cada que el viento la golpeaba. 

Sus botas metálicas resonaban con cada paso que daba, aunque el camino fue hecho de piedras traicioneras, sus pasos eran rectos, nunca caía a retomar el paso y evitar caerse. Susurraba en un idioma incomprensible para su tropa que venía detrás.

-La vengeance est douce, dès que les révolutionnaires tombent, les autres iront par le même chemin... –Aquella oración podría traducirse como “La venganza es dulce, una vez que los revolucionarios caigan, los demás irán por el mismo camino...”. Lo decía con tanto odio, que algunos de los miembros de su tropa, decidieron alejarse.

Una segunda voz, ni tan aguda ni tan grave, respondió en el mismo idioma.- Ne vous donnez pas beaucoup d'illusions, vous avez été borgne, pensez-vous pouvoir contre eux? –Esto podría traducirse de la siguiente forma “No te hagas muchas ilusiones, a ti te dejaron tuerta, ¿crees que podrás contra ellos?”.

La joven de cabellos rizados, miró con desprecio al poseedor de aquella voz, que se encontraba montado en un caballo.- Bueno, ¿tú que traes? ¿No te cansas de molestar, Josmar? 

El anterior mencionado, respondió con sorna.- No es que te esté molestando, sólo que tampoco te pases, crees que eres invencible…

-No me creo invencible…soy invencible –Dijo egocéntrica. Creía que era el centro de atención, que los demás no tenían necesidades, que ella era más importante que los demás, que era la única que debía sobrevivir. Por esas y múltiples razones nunca tuvo amigos de verdad, el único que se quedó junto a ella fue Josmar. 


Meta Knight

Se encontraba acostado en su cama, durmiendo como un niño, por mucho tiempo no había descansado realmente bien. Muchas de sus preocupaciones se fueron al caer en aquel profundo y dulce sueño. Era uno de esos pocos días en donde no le importaba en lo más mínimo que le pasara a la princesa, su única preocupación era dormir, algo muy raro en él.

Soñaba…en aquellos días que podía vivir en paz, sin ningún rastro de maldad, y aun cuando la “guerra civil” llegó, su ánimo nunca cayó al suelo. “Jilo”, como se le llamó alguna vez al pueblo en el que vivía, se convirtió en el lugar más peligroso de Pop Star. 

Extrañaba a sus amigos, nunca lo negaba, aunque casi nunca lo demostraba. “¿Alguna vez los volveré a ver?”, se preguntaba en aquel sueño. Escuchaba el canto de los niños, como la suave brisa hacía danzar las hojas de los árboles, el ritmo con el que las pequeñas olas de agua chocaban con la orilla del rio.

Una voz tranquila le susurro “¿Te gusta tu sueño?, en ese momento se despertó, encontrándose con el rostro joven de Martín. Todavía adormilado y mareado por despertarse tan bruscamente, preguntó.- ¿A qué te refieres con eso?...

Martín sonrió dulcemente.- Olvídalo, sólo era una broma…-Desvió su mirada color zafiro, mientras en su rostro brotaba un leve rubor.- Oye, duermes mucho ¿no? 

El peli-azul soltó una risilla para luego contestar.- Muy rara la vez que duermo de esa manera…no soy de esas personas que…-Antes de siquiera terminar la oración, un sonido de al parecer un cañón interrumpió la conversación. El estruendo fue tan fuerte, que hasta Mushroom llegó.

¿De dónde provino aquel ruido?, era la preguntaba que rondaba la mente de ambos jóvenes en ese momento. Meta Knight se levantó con presteza de la cama, y al ya estar de pie en el suelo, se asomó por la ventana de su cuarto, encontrándose con lo peor…Martín observaba atemorizado la misma escena que su caballero.

Un río de sangre chocaba con el castillo, Revolution y Mushroom estaban demasiado cerca, por lo cual no era tan difícil ver lo que pasaba en ambos reinos. Revolution estaba en peligro de caer. Meta Knight salió corriendo del cuarto, mientras Martín intentaba seguirle el paso.

El más alto de los dos gritó a todo pulmón.- ¡EL PUENTE CAE! –indicando que  Revolution estaba en problemas, demasiados. Como para que la sangre de las múltiples personas que habían muerto defendiendo el reino, llegase hasta el castillo de Mushroom...los revolucionarios no tardarían en despedirse de su reino, o lo que quedase de él.


Karen

Estaba a punto de tirar la toalla, eran tantos los Edotenienses, que ni su mejor estrategia hubiera servido. Su armadura pintada de aquel color carmesí, tan característico de la sangre, le hacía recordar que no debía rendirse, aunque la situación estuviese empeorando, nunca debía darse por vencida.

Los cañonazos, los ruidos de las espadas chocando, el trotar de los caballos, los gritos de guerra de los valientes caballeros, conforme pasaba el tiempo, fueron cesando, hasta dejar el campo de batalla en un profundo y cruel silencio.
La joven azabache, con la poca energía que le restaba, se puso en pie en aquel rígido suelo y buscó por todas partes a su hermano y a su consejero. Su armadura estaba hecha añicos, lo único que quedaba de esta era el escudo y las botas. 

Ya sin fuerzas, la joven se recargó en una piedra esperando la muerte. Pensaba  que iba a morir sin ver por última vez a su amada, pero la reconfortó el hecho de que volvería a estar con ella en la muerte, que nunca más volverían a separarse. 
Una voz femenina conocida para ella, la sacó de sus pensamientos.- My lady~…estoy aquí

Alzó la mirada, para encontrarse con la figura delgada de su amada, Yasahime. Creía que era un sueño, pero…no era así. Sus ojos grisáceos la miraron con amor. En su rostro blanquecino, podía notarse como una pequeña sonrisa había aparecido. No podía creerlo, todo era tan irreal; sin pensárselo dos veces, abrazó con fuerza a la joven peli-plata. Sentía como lágrimas cristalinas recorrían sus mejillas, la diferencia de estas es que eran lágrimas de amor, de emoción pero sobre todo, de agradecimiento.

La joven Yamamoto correspondió al cálido abrazo, extrañaba sentir aquella sensación, la calma que sentía cada que su ama la abrazaba, era inigualable. Karen, con un nudo en la garganta, habló.- Te extrañé…Yasahime…

La peli-blanca respondió con aquella voz tranquila característica tan de ella.- Yo también la extrañé…my lady…-Rompió el abrazó, para después juntar sus labios con los de la joven azabache. Esta correspondió al beso, fundiéndose en aquella dulce sensación. 

Segundos después rompieron el beso por falta de aire, luego volvieron a abrazarse. Ambas deseaban lo mismo, nunca volver a separarse.


Calha

Cuidadosamente, procurando no hacerle más daño de lo que ya, curaba al joven Alejandro, quien tenía una herida no muy profunda en su brazo izquierdo. Dolía demasiado y lo sabía. Su responsabilidad en aquel momento era cuidar del hermano menor de su majestad. Intentaba calmarlo cada que el joven castaño sollozaba por el dolor.

-Sir Alejandro…aguante un poco, usted es fuerte, una simple herida no hará caer a un guerrero tan fuerte como usted…

El joven cerró sus ojos a causa del dolor.- Claro, como a ti no te dañaron…
Calha habló sosegado, aunque en realidad el comentario anterior del joven castaño lo hizo sentirse un poco avergonzado.- Yo alguna vez fui un esclavo de su hermana, y el dolor de los golpes es aún más intenso que este…-Dio la última vuelta de la venda en el brazo herido del joven.

-Gracias Calha…-Agradeció mientras miraba su brazo vendado. 

-No es nada –Contestó con una leve sonrisa en su rostro.

Ambos estaban en uno de los cuartos de protección del gran castillo, alumbrado por un pequeño y viejo foco de luz amarilla, que contrabajos alumbraba media parte de este. Había un botiquín de emergencias y productos de primera necesidad, como agua, comida enlata etcétera. El máximo de personas que podían refugiarse ahí era dos, por lo cual, podían pasar varias cosas en aquel cuarto esas cosas no xddd na mamen.

El joven morocho acomodó su rebelde cabello detrás de su espalda, mientras miraba las acciones del menor. Como su majestad le había dicho, Alejandro era algo infantil para su edad, y aunque entendía perfectamente como era el mundo que lo rodeaba, no le daba ni la menor importancia a las cosas malas, sólo se centraba en lo bueno.

Pasaron algunos minutos en aquel angosto cuarto, hasta que Calha decidió salir y ver qué había pasado.- Es seguro…-susurró. El castaño lo siguió hasta salir del cuarto. Cuando se dirigieron a las afueras del castillo encontraron una catástrofe. 

Ríos de sangre carmesí, partes de cuerpos mutiladas, caballos agonizando…Se sentía el odio en el aire, los gritos de guerreros resonaban sutilmente en donde hace pocos minutos había sido el campo de batalla.

Parecía que todo está perdido, que su reina estaba entre los escombros, e inclusive, entre los guerreros que habían muerto defendiendo el reino.

Calha estaba a punto de romper en llanto, el hecho de pensar que su reina estaba muerta, hizo que su ánimo cayera hasta el piso. Pero Alejandro veía atento un punto fijo, al parecer en el norte.- Sir Alejandro… ¿qué mira? –Preguntó con un  nudo en la garganta, por más que no quisiera demostrarlo, era más que obvio que estaba sufriendo por dentro.

-Calha…esto…cómo preguntarlo…-Decía con nerviosismo, mientras miraba a el consejero de su hermana.- Mi hermana era… ¿lesbiana?

-¡Sir Alejandro! ¡No es un buen momento para preguntar la orientación sexual de su hermana! –Exclamó con ímpetu.

-¡Claro que lo es! –Exclamó con el mismo tono, sólo que un poco más infantil.- ¡Mi hermana se estaba besando con su “amiga”! –Señaló el punto en donde miraba anteriormente. 

Calha miró el punto señalado por el joven, encontrándose con aquella escena descrita por Alejandro. En su rostro blanquecino, apareció un sonrojo enorme, que incluso para esconderlo, tuvo que abrazar al joven castaño.

-¡Calha! –Exclamó sorprendido, nunca había visto al joven morocho tan sonrojado, o al menos en el tiempo que llevaba con él.

-¡L-Lo siento! Es que nunca había visto a la joven Karen besar a alguien…y menos a una mujer…-Dijo sin soltar al castaño. No se separó de él por un buen rato, según, su pecho era muy cálido y cómodo.

Pasaron los minutos, todo se aclaró. Karen no dejaba de abrazar a su amada, y si querían separarla, empezaba a gritar groserías, vaya que la quería mucho. Alejandro aún seguía con una duda “¿Por qué había sentido tan bien que Calha lo abrazara?”, era cierto que no había sido abrazado por nadie en mucho tiempo, quizás, más de lo que imaginaba, pero cuando el joven morocho le abrazó, sintió una cálida sensación, incluso disfrutable.


Mushroom

-Ay, que pinche aburridera…-Decía una voz varonil.

-¡Cállate Hideaki! –Exclamó el joven Okami. Estaba harto de que siempre su demonio interior, o como él se refería, su “niño interior”, pues era demasiado infantil, lo molestara siempre que pudiese.

-Que este reino no tenga nada de interesante no es mi culpa –Respondió con sorna.

-¡Te dije que te callaras! 

-Y si no quiero ¿qué? –Exclamó intentando desafiar a su compañero.

-Nos verán como unos locos…-Susurró para ambos.

-¿Nos? me suena a muchos, te recuerdo que no me pueden ver a menos que me dejes tomar el control del cuerpo, dah –Hideaki era demasiado molesto para el gusto de Hikaru. Aunque tenía sus ventajas, nunca se sentía completamente solo, tenía alguien con quien platicar un rato sobre tonterías, pero había veces que no lo soportaba.

-Hay veces que me pregunto… ¿cómo chingados terminé atado contigo? –Preguntaba el castaño algo molesto.

-Pues si no hubieras nacido como un demonio, quizás –Resaltó.-No estuviéramos los dos juntos…

Antes de que el joven Okami pudiese decir algo, su hermano menor, Martín, entró con presteza al cuarto, para después abrazarlo mientras sollozaba con fuerza.- ¡Hikaru!...

El castaño abrazó a su hermano con preocupación, para luego preguntarle.- ¿Qué pasó? ¿Te hizo algo ese maldito? –Pronunció con rencor la última pregunta.

-¡No metas a mi caballero en esto! ¡Él no es malo!... ¡Incluso avisó a todos que Revolution está a punto de caer! 

Hideaki, al escuchar las últimas palabras de Martín, se entusiasmó, tanto, que comenzó a gritar.- ¡HIKARU! ¡DEJÁME TOMAR EL CUERPO!

Este último mencionado, susurró lo más bajo que pudo, de modo que ni el joven de cabellos nevados pudiese escucharlo.-Ahora no, esto es serio, Revolution está en peligro de caer…

-¡PRESISAMENTE POR ESO CABRÓN! ¡DEBEMOS DE IR A AYUDAR! 

Hikaru suspiró resignado.-Esta bien, pero sólo será cuando lleguemos al reino ¿bien?

-¡Claro que sí! –Exclamó emocionado.

Recorrerían un camino muy largo para llegar a la frontera con Revolution, sin olvidar los cambios tan bruscos de temperaturas que tendrían que soportar. Una parte de Sarasaland se conecta directamente a Revolution, por lo cual, a mitad del camino, un calor extremo a causa de las altas temperaturas del desierto, les daría la bienvenida.

Un bosque de coníferas, donde empieza una temperatura apenas soportable para nuestros protagonistas, sería algo difícil de cruzar, ¿por qué? El brusco viento que normalmente azota fuertemente las hojas de los árboles, haría que cualquiera de ellos saliera casi volando.

Lo último sería un frío intenso correspondiente a un clima polar, siendo lo más normal para los Revolucionarios y Edotenienses. El sol, rara vez podía mostrarse completamente sin que una nube extensa o una neblina espesa lo cubriera.

Caminaban por los extensos desiertos de Sarasaland. Apenas llevaban unos 2 kilómetros y ya empezaban a cansarse. El calor en esta época del año era más intenso de lo normal, por lo que hacía casi imposible cansarse, pero todo era por los revolucionarios.

Llegaron a la zona templada después de unas horas, sabían que ya era demasiado tarde, por lo cual mandaron una carta a la reina Karen, para saber su estado actual. Al menos detendrían a los Edotenienses.

-Ese pinche calor se estaba pasando de madres…-Habló molesto el joven Hideaki.

-¿Podrías dejar de ser tan vulgar? –Hikaru preguntó fastidiado. Como siempre, su demonio interior lo sacaba de quicio cada que podía y quería. 

Meta Knight iba caminando junto Martín. Miraba algo confundido cómo Hikaru parecía hablar solo, a lo que pregunta.- Martín… ¿Tu hermano habla solo?

El joven de cabellos nevados soltó una risilla para después contestar.- No, de hecho habla con su demonio interior, sólo él puede oírlo

-¿Demonio Interior? –Preguntó sorprendido. Había leído sobre personas que habían sido poseídas por un demonio, pero nunca de alguien que tuviese un “Demonio interior” o algo parecido.

-¡Sí!, su demonio se llama Hideaki, es gentil y un poco infantil, pero cuando se toma las cosas en serio, puede matar a su enemigo con un golpe.

El joven caballero sintió como un escalofrío recorría todo su cuerpo, no era de esas personas que se abatataban tan fácil, pero tan sólo con aquella descripción que Martín le había dado, supo inmediatamente que era un enemigo duro.

-Vaya…-De pronto, comenzaron a oírse gritos de felicidad, el trotar de caballos, platicas sin mucho sentido en realidad y sobre todo, ruidos de cadenas que se arrastraban por el piso. Llevaban cantidad de esclavos que ahora, estarían a merced de los Edotenienses, listos para ser sacrificados o incluso para usarlos como simples mascotas.

-¡Son los Edotenienses! –Exclamó el joven Mario, dando aviso de que el rival estaba acercándose.

-Dime algo que no sepa... –El caballero contestó con sorna. Los cuatro jóvenes habían escuchado los múltiples ruidos, por lo cual ya era de suponerse que el enemigo estaba cerca.

-Pero, no son todos…-Susurró con miedo el joven de cabellos nevados.

-¡¿Cómo que no son todos?!

-Es apenas una tropa, según lo que Karla nos contaba, una tropa podría parecerse más al clan completo, pero apenas si es menos de la cuarta parte de todos…
Los tres restantes quedaron en shock ante la explicación de Martín, eran demasiadas personas como para ser sólo una tropa. Comparada con las tropas de Sarasaland, el reino con más protección de los cinco principales, se quedaba corto.

Una joven de cabellos rizados, dio un paso al frente para mostrar su rosto. En sus labios, había una cicatriz que danzaba cada que sonreía. Uno de sus ojos estaba cubierto con un parche. Puso una de sus manos en su cintura, para después comenzar a hablar.- Vaya, vaya…nos vemos de nuevo…Meta Knight…

El anterior mencionado la reconoció de inmediato, una de las personas que odiaría para siempre. Miro con desprecio y rencor a la joven.- Ariana…

-¡AHORA HIKARU! ¡DÉJAME TOMAR EL CUERPO! ¡YAAAA! –Hideaki gritaba con desesperación, deseaba tanto volver a salir de nuevo, después de tantos años…o quizás sólo algunos meses…

Hikaru suspiró resignado nuevamente.- Esta bien…-Retiró una de las cruces que tenía alrededor de su cuello, el permiso que le daba a Hideaki de dominar su cuerpo.

-¿Me darías la revancha? –Una sonrisa vil se formó en los labios de la joven. 
Meta Knight asintió, mientras que de un solo movimiento, sacó su espada reluciente, que brillaba con el poco sol de aquel entonces.-Con gusto…

-Pero no sólo pelearas conmigo, sino junto a toda mi tropa…-Habló recalcando la antepenúltima palabra.

-Entonces yo también pelearé –Una tercera voz contestó. Una extensa y espesa niebla ocultaba al poseedor de aquella sosegada voz. Cuando al fin se dispersó completamente, dejó al descubierto un joven de cabello negro como el carbón, ojos color rubí y una piel blanquecina. Era alto, sin mencionar que tenía un cuerpo bien formado. 


Ay mi Shiki hermoso 7u7 le pegan con la chancla

Meta Knight quedó sorprendido, no se esperaba a un “demonio” que más parecía humano. Se imaginaba más a un monstruo horrendo de unos 10 metros.- ¿É-Él es…?

-Sí, él es Hideaki…el demonio interior de Hikaru…-Contestó sereno el joven de cabellos nevados.

Continuará…


21 de marzo de 2018

⚔💥 Ángeles y Demonios - Preparados para el ataque: Capítulo 3 ⚔💥



Ángeles y Demonios
Preparados para el ataque
Capítulo III


♛ ♚ ♝ ♞ ♜ ♟

Una cruda noche, llena de peligros y sombras traicioneras, con árboles ingentes junto a sus hojas crujientes y que el espeso y frío aire azotaba, una joven de cabellos dorados caminaba taciturna mientras miraba la hermosa y brillante luna.

Cada que daba un paso, sus zapatillas tan frágiles como el cristal, resonaban en el frío y rígido piso que daba la impresión de haber sido hecho por la piedras más finas de todo su reino.
Aquellos pasos eran tranquilos, junto con los demás ruidos de sus alrededores, parecían entonar una hermosa y relajante melodía, tan suave para cualquier oído.
Llegó a la fuente central de su gran jardín lleno de flores color jazmín, nieve y otros colores exóticos. Se recargó en esta, sintiendo la fría y hosca sensación de aquel material tan resistente, el cemento.

Extrañaba la cálida y dulce sensación de ser abrazada por alguien, había sido recibida muchas veces por los brazos fuertes de su actual pareja, Mario Segale…pero sentía que ya no le era suficiente.
Sospechaba de sí misma, quizás en realidad ya no le importaba el joven castaño, quería alguien más, aquella persona que la hirió y pudo revelarse sin ningún miedo…

“Sigues siendo una perra después de todo” mencionó su voz interior.

Sentía culpabilidad, y no lo negaba, de todas maneras,  la voz que escuchaba desde que recordaba, tenía razón.
En todo el tiempo que llevaba ahí, no dejaba de observar ni por un segundo la celestial luna. Le recordaba a sus ojos aperlados, que brillaban con tal intensidad, aunque su máscara se interpusiese. 

Suspiró para después sentir como unos brazos intentaban abrazarla por detrás. Sin la necesidad de voltearse, supo inmediatamente de quien se trataba, Mario…

“Este imbécil…” Pensó para sí.

El castaño habló con suavidad, como siempre lo hacía con ella, lo cual molestaba a la joven, pues parecía estar hablando con una niña tonta que no entiende fácilmente.-Hola cariño…

Esta vez, la joven de cabellos dorados ni se molestó en usar una de sus sonrisas fingidas tan típicas de ella, ni tampoco en hablar con un tono cálido, sólo contestó con frialdad cual invierno.-Qué quieres…

Al joven de cabellos castaños, le sorprendió la indiferencia con la que pronunció sus palabras, estaba confundido, nunca en su vida, o al menos desde que la conoció, había usado un tono tan frío para hablar.- ¿Pasa algo? –Soltó la cintura de su “amada”, pensó que solamente se sentía incómoda con aquel agarre.

-Nada…sólo que no me siento bien…no quiero ver a nadie…-Contestó con un tono insincero.

-Ya veo…bueno…esto…-Dijo con nerviosismo mientras rascaba su nuca.- Es que nunca habías hablado “así”

-A qué te refieres con “Así”…

-Bueno…es que…

Un sonido de botas metálicas interrumpió la conversación. Una sombra se acercaba a ellos, sus mechones danzaban junto al fresco aire de la noche. Era alto, sus ojos desprendían un sublime color diamante, llamativo para cualquiera.
Salió de la extensa y cruda oscuridad, el joven caballero de cabellos azulados, se había “aburrido” de estar en la cama, se sentía inútil.
Había decidido pasear por los amplios jardines que rodeaban el castillo, pero la conversación de la pareja había llamado su atención.

Con aquella voz seria e intensa tan característica de él, preguntó.- ¿Pasa algo?
Peach se emocionó con tan sólo escuchar la voz de una de sus piezas más fuertes en su juego, Meta Knight. Volteó tras de sí para confirmar sus sospechas, alcanzando a observar la figura esbelta del joven caballero. 
Ignoró completamente al castaño y se abalanzó abrazando al peli-azul.

-¡Estás bien! –Exclamó emocionada, su voz se oía cálida, suave y comprensiva a diferencia de la que usó para responderle al castaño.

El caballero intentaba quitarse de encima cuidadosamente a la princesa. No le tenía ningún afecto a la joven de cabellos dorados, más bien era rencor y un poco de asco ante su “actitud hipócrita”.
El de cabellos achocolatados enfureció, interpretando que su “amigo” ni se inmutó ante el abrazo de su esposa. Era demasiado celoso, eso todos lo sabían, pero era tan tierna e inocente la forma en que lo expresaba que nadie lo tomaba en serio. Pero esta vez…no era el mismo de siempre. Aquella mirada dulce y azulada cual cielo, se volvió fría como el viento de la noche, apagada y cruel.

-¡Estúpido, suelta a mi esposa! –Exclamó con furia.

Para empeorar las cosas, a la de cabellos dorados no se le ocurrió otra cosa para encelar más de lo que ya a su marido y habló

-Eso, si Meta me quiere soltar –Su mirada se dirigió al caballero.-Tu amor no es correspondido por mí, recuerda que yo ya estoy casada…

Eso enfureció aún más al castaño, quien gritó.- ¡Pensé que éramos amigos! ¿Y me sales con esto? 

-¡Claro que lo somos! –Exclamó en defensa propia. Empujó fuertemente a la joven, ya importándole muy poco lo que le pasara. La princesa cayó al suelo, dándose un golpe, que aunque no fue tan grave, quiso empeorar las cosas haciéndose la desmallada. El caballero miró con miedo el cuerpo de la joven y exclamó con más fuerza.- ¡ESTÁ FINGIENDO! ¡NI SI QUIERA SE GOLPEÓ TAN FUERTE!

-¡Cruzaste la línea! –Gritó furioso. Antes de poder presenciar aquella pelea, la joven princesa despertó de su fantasía. Volteó tras de sí, intentando ver alguna prueba de que fue real lo que vio y sintió.

Era tan tangible, pudo sentir los brazos de su marido, la fuerza con la que fue empujada, el golpe al caer contra el suelo…todo fue tan…real…

-Vaya vida de mierda…-suspiró resignada.- No pasa nada interesante…

Los primeros rayos de sol se asomaron por la ventana del cuarto, saludándole como todas las mañanas.
El peli-azul sentía que aquellos rayos cálidos le daban directamente al rostro, por lo que algo molesto, volvió a taparse con su sábana y retomar el sueño.
Era domingo, si estuviese en Dreamland lo más seguro es que desde las seis de la mañana ya estaría despierto, y levantaría a madrazos al más flojo de sus dos aprendices, Sword.

Pero como estaba en Mushroom, un lugar en donde podía tener “tranquilidad” o al menos algo de ella, no era necesario pararse tan temprano. Fue a la segunda semana que llegó cuando su lado “flojo” comenzó a apoderarse de él.
Oyó unos pasos de al parecer unas chanclas, supuso que sería Karla, pues normalmente las usaba por las mañanas, por lo que no le dio mucha importancia.

De pronto, un olor a hot cakes, que por cierto era muy agradable, llamó su atención. Sabía que la joven Shando cocinaba bien, pero no gastaría su tiempo en cocinarle sólo a él, lo que hizo que comenzara a sospechar. Retiró con presteza  la sábana que lo cubría, para encontrarse con la figura delgada de Martín.

-¡Buenos días! –Saludó felizmente mientras colocaba el plato de hot cakes en la mesita que se encontraba al lado de la cama de Meta Knight.

-Buenos días…-Contestó tranquilo, sentándose en la orilla de la cama.- Martín…en serio los hot cakes es algo muy lindo de tu parte pero…no te hubieras molestado

El joven de cabellos nevados se puso nervioso, su rostro blanquecino se pintó de un color carmín.- B…Bueno es que…pensé que sería…em…un agradecimiento –Dijo con nerviosismo no sabiendo que contestar.

-¿agradecimiento? ¿De qué?...

-Pues…es que…-Dejó de pensar un momento cuando miró al peli-azul, quien sonreía levemente a causa de sus expresiones. El más alto lo interrumpió un momento.

-No tienes ni una excusa coherente que dar ¿cierto? –Habló en tono de sorna, acompañado con una sonrisa pintada en sus labios.

Martín bajó la cabeza algo avergonzado, mientras miraba al suelo, luego contestó levemente, más parecido a  un chillido.- N…No…

-je…me lo imaginé –Contestó mientras se ponía de pie, levantándose de la cama.

-¿Vas a irte descalzo? –Preguntó curioso el joven de cabellos nevados mientras observaba como su caballero no llevaba alguna especie de pantuflas puestas.

-Pues…me gusta sentir el frio del piso…es como una “Adicción”, me recuerda a muchas cosas…-Terminó la oración, y ahora que no traía su máscara puesta, se podía observar el pequeño sonrojo que brotó en su rostro.

Martín sabía que le recordaba a su infancia, a alguien que quiso mucho, pero el destino dividió sus caminos…
En la mente del caballero, rondaban los recuerdos dulces y llenos de nostalgia sobre su infancia. Intentaba recordar la voz de su primer gran amor, que aunque nunca pudo demostrarle lo que sentía, este siempre lo apoyaba.

-Sé que no estaré sólo
+Porque tú estarás conmigo
-Y no dejaré que te separen de mi lado…
+Ni yo…pelearé por ti…créeme…amo de casa
-¡Arruinaste el momento, idiota! 
+ ¡Lo siento!, pero me da mucha risa el apodo
-Idiota…

Mientras en Revolution, todo estaba empeorando poco a poco. Quedaba sólo un día para que los Shando atacasen al reino y Karen aun no tenía ni la más mínima idea de qué estrategia formaría. Pensaba todos los días en su amada, en que ya no podría verla jamás, que aquellos recuerdos tan bellos lentamente se harían polvo que el viento arrastraría al pasar de los años.

Quería que alguien más se hiciera cargo del reino por un tiempo, sentía la necesidad de irse corriendo como un ciervo que huía por temor a ser devorado.

No había ni rastro de su hermano, pensaba que solamente era un engaño para ilusionarla y levantarle un poco el ánimo…como siempre lo hacía…

-Yasahime…-Suspiró mientras que de sus ojos verdosos caían hacía sus mejillas, lágrimas cristalinas que desataban diariamente el sufrimiento que sentía cada que despertaba.

Odiaba percibir los diferentes olores, sentir sensaciones tangibles, ver el mundo de colores llamativos, probar la comida que se negaba rotundamente a yantar, oír el canto de los pájaros por la mañana, aborrecía el hecho de sentirse viva, de que servía, si no podía estar junto a su amada.
Se volvió tan fría e indiferente que era casi irreconocible para algunos, para otros les parecía normal…

-Mi juego…mi ajedrez…mi victoria…tengo que ganar, sea con ella….o sin ella…-Miró la foto de su amada, tenía aquella sonrisa cálida que tanto le gustaba, sus ojos color nieve y su cabello blanquecino, que danzaba libremente con el suave viento. Con desgano y tristeza en su mirar, se levantó de su cama y salió en busca de su tablero de ajedrez.

Era una de las formas en las que se facilitaba crear sus estrategias, jugar un rato ajedrez junto a su amada, pero al ya no estar ella, no le quedaba más remedio que jugar sola…

Su tablero de ajedrez era algo “especial”. Cuando la preparaban para ser reina, siempre que le daban clases de estrategia, su padre y ella solían jugar ajedrez. Eventualmente, mejoró hasta estar al nivel de Yasahime, eso le hacía sentir la chica más feliz del mundo.

Pero ahora de que servía…

Colocó el tablero en una de las mesas del salón real y se propuso a jugarlo. Sus piezas fueron hechas del cristal más fino, hasta a ella le sorprendía que aún después de la guerra y de los usos continuos a lo largo de los años, no tuviese ningún rasguño, todas las piezas estaban completas, se encontraba en un buen estado, parecía recién comprado.



Gustaba de los juegos de estrategia, desde que su reino cayó, le prestó una mayor atención al ajedrez. Cada que jugaba elegía las piezas negras, pues decía que su corazón era del mismo color que aquel ejército. Destruía cada pieza de sus oponentes sin ningún rastro de remordimiento. Desde siempre era la única en el juego que podía decir “jaque mate”, pues normalmente su contrario se rendía a media jugada.

Disfrutaba hacerlos sufrir con cada movimiento, en algún momento de su vida la apodaron “Reina del ajedrez”, pues nadie hasta ese momento había podido darle un “jaque mate”.

Aunque ella sabía que no era cierto, la verdadera reina del ajedrez era su amada Yasahime.
Era tan buena estratega que nunca usaba el “enroque” para salvarse y ganar el juego. Tampoco de ninguna trampa que alterase el juego, siempre jugaba limpiamente.

Movía con lentitud y pesadez cada pieza, sintiendo una carga enorme cada que las usaba. Como si de piedras de tratase, sentía las piezas más pesadas. Una gota de agua, casi tan fina y limpia como la de un rio, calló encima de su tablero. Tocó su frente con una de sus manos para percatarse de que estaba sudando más de lo normal, acompañado de una sensación caliente tal y como la sangre carmesí que recorría sus venas. 
Empezó a sentirse débil, hizo a un lado el tablero, cuidando no tirarlo. Se recargó en la mesa, sentía que estaba a punto de morirse, como si la apuñalaran por la espalda.

De un momento a otro, comenzó a ver todo borroso, para después perder la conciencia. Despertó en su cama, junto con una especie de trapo mojado encima de su frente. En ese instante supo lo que tenía, fiebre. 

-¿Karen…? -Oyó una voz suave. Era conocida para ella. Una voz masculina ni tan gruesa ni tan aguda. Sin abrir los ojos, supo que la voz que había escuchado hace algunos segundos pertenecía a nada más ni nada menos que a su hermano menor, Alejandro.

No se parecían en nada que no fuese el color de piel. Su cabello era de color diferente, igualmente sus ojos. Un castaño tan fino como el tronco de un árbol, ojos color miel que brillaban cada que se emocionaba.
Con la poca fuerza que tenía, intentó contestar.- ¿A…Alex…?

-¡KAREN! –Exclamó con emoción al escuchar la voz de su hermana.- ¡Estás bien!

-Dime algo que no sepa…-Contestó con sorna.

El menor la miró haciendo un puchero.-Me pasa por preocuparme por ti…

-Je…sigues siendo el niño pequeño de siempre...-Aquella conversación que había entablado con su hermano la hizo agradecer de estar viva. Abrió lentamente sus ojos verdosos, observando después de mucho tiempo, la figura delgada de su hermanito. 

Estaba mordiéndose una de las mangas de su sweater, le gustaba morder las cosas. Desde que era pequeño, recibió quejas y regaños de parte de sus padres y maestros sobre aquella manía. Si alguien se encontraba un lápiz de Alejandro que no estuviese mordido, era casi un milagro.



-Y sigues con esa maldita manía…

-Es algo de…nacimiento…-Dijo nervioso, en realidad ni siquiera sabía por qué lo hacía, solamente buscaba una excusa razonable para seguir haciéndolo.

-Eres un idiota…

En Mushroom, planeaban una alguna estrategia para ayudar a los “Revolucionarios” como se les hacía llamar a los de Revolution. Peach no ponía ni la más mínima atención hacia las opiniones que daban los demás.
Odiaba hacer estrategias, era lo más aburrido para ella, si pudiera hacer lo que le diera su regalada gana, mandaría a pelear a todos sus soldados, no importándole ni un poco lo que pasara con ellos.

Alguien propuso jugar ajedrez, pero ¿a quién le gustaba?
Si no fuera porque Hikaru sacó un tablero de ajedrez, no hubiese sido obligada a jugar. Se encontraba sentada frente al castaño, había elegido las negras, la verdad nunca le importó que piezas elegía, técnicamente le valía madres.

Dio su primer movimiento, no ponía la más mínima atención a la jugada, sólo quería que se acabase. Fue cuando oyó que una gruesa voz le susurró “D, 3” donde empezó a tomarse el juego en serio.

No sabía ni cómo jugar, normalmente dirigía las piezas a lo loco. La pieza que más se le dificultaba usar no era el caballo, sino el peón…si, el peón. Conocía la forma en que se movía pero no su manera de comer.
Hikaru la corregía cada que podía, dándole siempre, una pequeña ventaja, y aún a pesar de eso, la joven de cabellos dorados no lograba ganar.
No podía ni imaginarse como era jugar contrarreloj, rara vez veía un duelo así, por lo que no desconocía muchas de las jugadas con las que contaba el juego.

-Hikaru…-Susurró decidida.

El anterior nombrado, detuvo su juego un momento y respondió.- ¿Si?

-¿Podría usar una de mis piezas? –El castaño la miró confundido, no sabía a lo que se refería con “mis piezas”. Se imaginó por un momento que quería usar una de las piezas que su ejército le había robado. 

-Por el momento no se puede, sólo cuando hay promoción de peón, que es cuando puedes cambiarlo por alguna otra pieza ya sea…-Peach lo interrumpió.

-No habló de ese tipo de pieza, me refiero a…Meta Knight –Habló fríamente. El castaño se sorprendió, no podía creer que para la princesa, todos y cada uno de ellos eran sólo una simple pieza de juego. 

Según lo que Meta Knight le contaba, era una “hipócrita” pues siempre mostraba una sonrisa y hacía como si todos le cayeran bien, cuando solamente intentaba soportarlos. Decía que cuando su “pieza” ya le tenía suficiente confianza, la manipulaba como si de una marioneta se tratase. La usaba como se le diera la gana, importándole muy poco lo que le pasara. 

“Protección…” aquella palabra cruzó su mente.

Recitó una oración en un idioma incomprensible, decía algo así.-  il colore delle tenebre, è dipinto il tuo cuore lentamente... una brava persona avrebbe deciso di resistere e proteggerlo... ma hai accettato l'affare e cadde sulle loro reti... –Lo que podría traducirse como “El color de la oscuridad está pintando tu corazón lentamente... una persona buena decidiría poner resistencia y protegerlo pero tú...aceptaste el trato y caíste en sus redes...”

-¿Perdón?...

Hikaru se limitó a quedarse callado. Se levantó de la mesa para luego retirarse, dejando sola a la joven princesa de cabellos dorados. Esta última, había entendido un poco de lo que el joven castaño le había dicho.

-…Mi corazón está y siempre estará….pintado del color de la traicionera oscuridad…mi querido Okami…-Susurró para sí.

Continuará…

holaaaa mis queridísimos flanes, espero que estén muy bien >u<, los quiero tanto
pero weno, espero les esté gustando leer esta historia tanto como a mi me está
gustando hacerla, y como le tengo tanto cariño, decidí hacer un "openining" o
intro, algo así xdd, espero les guste, se que está chafa pero lo hice en un programa
xd, y bueno, ya si les gusta, lo seguiré poniendo antes de iniciar cada capítulo,
ahora si, ¡BYE! ♡♡♡♡♡♡